LA INICIACIÓN DE LA REPLICACIÓN DE ADN


La replicación comienza en una secuencia de nucleótidos en el ADN llamada origen de la replicación,  que actúa como señal de iniciación. Esta secuencia es distinta según la especie, pero tiene abundante timina (T) y adenina (A). La T y A están unidas por dos puentes de hidrógeno, en lugar de tres, como la C y la G, por lo que estos enlaces serán más débiles y fáciles de romper.
En la iniciación de la replicación intervienen las siguientes proteínas:
Helicasas. Son enzimas que reconocen la secuencia de nucleótidos origen de la replicación y rompen los puentes de hidrógeno entre las bases nitrogenadas complementarias. Se encargan de abrir la doble hélice para que las cadenas puedan servir de molde para las nuevas cadenas.
Topoisomerasas. El desenrollamiento de la doble hélice da lugar a tensiones entre las dos cadenas, y las topoisomerasas se encargan de hacer cortes en las cadenas para liberar las tensiones de superenrollamientos. Cortan una ) o las dos cadenas de ADN, y cuando ya no existen esas tensiones, las ligasas las empalman nuevamente.
Proteínas SSB. Son las proteínas estabilizadoras que se unen a cada cadena de ADN separada por la helicasa para que no vuelvan a unirse. Así, permiten el paso correcto de la ADN polimerasa, impidiendo que se unan las cadenas complementarias antes de que se añadan los nucleótidos de la nueva cadena que se está formando.
Una helicasa actúa en cada sentido, por lo que este proceso es bidireccional. Las dos horquillas de replicación que se han creado forman las burbujas u ojos de replicación.
Como la ADN-polimerasa necesita tener un cebador al que poder añadir los nucleótidos, tienen que intervenir primero una ARN-polimerasa que sintetice un pequeño fragmento de unos diez nucleótidos de ARN que sirva como cebador. A esta ARN-polimerasa se le llama primasa, y al fragmento de ARN que sirve como cebador, prímer.

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